mARTadero: llenando Cochabamba de arte y cultura

El arte y la cultura son esenciales en la sociedad. Sin embargo, en algunos lugares es mucho más complicado desarrollarse artísticamente que en otros. Pero, por suerte, la creatividad siempre se hace paso a los problemas. Este es el caso de mARTadero, que pasó de ser un antiguo matadero a convertirse en uno de los viveros de arte más importantes.

 

De matadero a mARTadero

Tener un matadero en tu ciudad no es agradable. Y si ello acarrea problemas de salubridad pública… aún menos. Eso es lo que vivieron en Cochabamba de 1924 a 1992. Un matadero en la ciudad que dificultaba la convivencia vecinal.

Sin embargo, gracias a las protestas por los daños que causaba el matadero, consiguieron que este se trasladara a otro lugar, dejando tras de sí un edificio abandonado de 2.900m2.

¿Qué puedes hacer con un lugar así? A los artistas de Cochabamba se les ocurrió una idea. El matadero serviría como lugar para representar tus obras y piezas. Así, darían uso al antiguo matadero abandonado, logrando en el proceso un lugar donde expresarse artísticamente.

Tras varios años intentándolo, en 2004 la asociación NADA junto con el ayuntamiento de Cochabamba habilitaron el lugar. Así, lograron que el antiguo matadero acogiese la segunda edición de la CONART 2004. Ese fue, el primer paso de lo que hoy se conoce como mARTadero.

 

mARTadero: un lugar donde desarrollarse artísticamente

Desde 2004 mARTadero ha evolucionado. Hoy en día es un vivero de las artes. Un lugar para fomentar y apoyar las ideas artísticas tanto de Bolivia como de otros rincones del mundo. Un lugar donde expresarse.

Porque no siempre es fácil para los artistas encontrar en un lugar donde sean comprendidos, puedan intercambiar conocimiento y experiencias y puedan experimentar. Por suerte, en Cochabamba está mARTadero.

Desde Fair Saturday lo intentamos de otra forma, mediante un festival abierto para artistas… Pero, sin duda, aún hay mucho que hacer.

Payasos Sin Fronteras: ayuda humanitaria desde las Artes Escénicas

Afganistán, Argelia, Birmania, Yemen… Actualmente hay 22 países en guerra (Small Arms Survey , Diciembre 2017). Esto supone que haya más de 100 mil personas que mueren al año directamente en la guerra. Eso, sin tener en cuenta los más de 60,6 millones de refugiados que hubo en 2016 (World Economic Forum, Junio 2017).

En este contexto, la ayuda humanitaria no solo es importante, es esencial. Agua, comida, medicamentos… pero también es vital dar esperanza y alegría. Y eso a lo que se dedica Payasos Sin Fronteras, a llevar ayuda humanitaria a través de las artes escénicas. A través de payasos.

Payasos Sin Fronteras: historia

Todo comenzó en 1992, cuando un grupo de alumnos contactó con Tortell Poltrona pidiendo que ayudara a hacer reír a unos niños. Pero no eran unos niños cualquiera. Eran refugiados de la guerra de independencia de Croacia.

El 26 de febrero de 1993 se hizo la primera actuación. Una actuación que más tarde se convertiría en Payasos Sin Fronteras. Desde entonces, Payasos Sin Fronteras ha llevado alegría y esperanza a “más de 4 millones de niños y niñas refugiadas, víctimas de desastres naturales y de situaciones injustas”.

 

Artistas por una causa común

Payasos Sin Fronteras es posible gracias a los casi 50 artistas y productoras musicales. Ellos, recorren el mundo y España llevando sonrisas y apoyo emocional a los niños que lo necesitan.

  • En Bosnia trabajan para ayudar a disminuir la segregación étnica.
  • En Etiopía ofrecen apoyo emocional a la juventud refugiada somalí mediante sus actuaciones.
  • En España, país de donde es la Payasos Sin Fronteras, realizan acciones en diferentes centros de menores y residencias para jóvenes.

Proyecto Mitote: la basura de unos, la riqueza de otros

Cada día, en los países desarrollados, cada persona genera más de 1 kg de basura (fuente). Envoltorios, botellas, paquetes… Son muchas las cosas que tiramos. Todas ellas, porque creemos que son inservibles.

Esta generación de basura no ha hecho más que crecer. Y así seguirá en los próximos años. De hecho, lo hará en mucha mayor medida. A menos que hagamos algo para evitarlo. Eso es precisamente, lo que pretende el Proyecto Mitote.

 

Evolución de la cantidad de Basura (millones de toneladas por día).

Evolución de la cantidad de Basura (millones de toneladas por día).

 

Proyecto Mitote: más allá que la basura

El Proyecto Mitote busca hacer reflexionar sobre el tipo de sociedad que tenemos hoy en día. Se cuestionan si vivir es consumir o hasta qué punto es consumir es necesario para nuestras vidas. Y, cómo no, lo hacen a través de la música, el teatro. Arte y cultura.

Para ello, organizan orquestas de percusión y representaciones teatrales, pero algo diferentes. Y es que, los instrumentos utilizados, se han creado a partir de materiales que estaban “destinados a convertirse en basura”.

De esta manera, plantean una reflexión en la audiencia muy interesante. Ya que, lo que algunas personas consideraban inservible, abocado a apilarse en un vertedero, para otras no lo es. Es más, son capaces de generar nuevo valor para la sociedad a través de ese mismo material.

Así, el Proyecto Mitote pretende cuestionar el modelo de desarrollo económico y la degradación del planeta en el que vivimos. Al fin y al cabo, la cantidad de recursos existentes en el planeta son limitados, por lo que revertir y minimizar los daños de la actividad humana es fundamental.

 

Más allá del medio ambiente

Conscientes del poder transformador de la cultura, el Proyecto Mitote va más allá de usar el arte y la cultura para concienciar sobre el medio ambiente. Precisamente, lo utilizan como herramienta para generar conciencia sobre otras muchas causas sociales, como los derechos humanos, los problemas de género o los derechos sexuales y reproductivos.

 

En definitiva, el Proyecto Mitote es un gran ejemplo de las diversas problemáticas que existen hoy en día y del poder que la cultura juega y puede jugar en ayudar a eliminarlas. Porque mejorar el planeta y la sociedad es cuestión de todos.

 

Theaster Gates: del museo a la calle

Ganarse la vida como artista es complicado. Si a eso le sumas la dificultad de ser discriminado por el color de tu piel, aún lo es más. Eso es lo que vivió y cambió la vida de Theaster Gates.

 

Theaster Gates: de las calles al museo

Este artista de Chicago intentaba vender sus cerámicas a las galerías de arte. Pero, como solo era un negro más, se debía conformar con vender sus obras en mercados ambulantes. Todo por el color de su piel.

Pero Theaster no estaba de acuerdo. Sabía que sus obras valían más. Así que decidió ocultarse, decir que sus cerámicas las había creado un artista japonés que se refugió en Estados Unidos. Esta historia, por falsa que fuese, le permitiría vender sus obras sin tener que ser juzgado por su color de piel.

Y surtió efecto. A los mismos coleccinistas que en un principio ignoraron sus obras, les encantó. Cuando desveló la tapadera, los coleccionistas quedaron impresionados de la creatividad con la que evitó ser juzgado. Así, logró ser expuesto en los principales museos de todo el mundo, amasando una gran cantidad de dinero.

 

Del museo a la calle

Pero eso no hizo que Theaster Gates cambiara de estilo de vida. Él siguió y sigue viviendo en uno de los barrios más marginales de Chicago y todo Estados Unidos. Y no solo eso, sino que, además, ayuda con su arte a salir adelante.

Con el dinero que obtiene de sus obras, compra y rehabilita las calles abandonas de los suburbios de Chicago, construyendo casas de acogida y fabricando muebles para las mismas.

Aunque transformar barrios y cambiar la vida de muchas personas a través del arte ya de por sí sea mucho, Theaster Gates va más allá. Y es que su historia y su activismo son una forma muy clara del racismo que se vive y de cómo las personas de barrios marginales también son capaces de hacer cosas increíbles.

Homelessfonts: tipografías por los sin techo

En pleno invierno, andas caminando por la calle, caliente a pesar del frío que hace. Tus botas, calcetines gordos, jersey de lana y un abrigo digno de un esquimal sin duda ayuda a que no pases frio en la calle. Y, en casa, la amada calefacción. Pero, por desgracia, no todo el mundo tiene la misma suerte.

En el mundo hay más de 100 millones de personas sin casa (United Nations Annual Report, 2005) y 1,6 mil millones de tienen falta de una vivienda digna (“Housing review” Habitat, 2015). Personas que viven en la calle, ya haga un sol abrasador o una ventisca heladora. Personas que viven entre cartones y mantas para los más afortunados, si es que a eso se le puede llamar fortuna.

Para poder salir de la calle, muchos no tienen más que un cartón y sus propias letras. Como ellos mismos dice, con eso «no vas a transmitir amor, no puedes transmitir algo bonito. Tienes que transmitir a través del cartón y la escritura algo que te jode».

 

Homelessfonts: caligrafía por las personas sin techo

Homelessfonts es una iniciativa impulsada por la Fundación Arrels. Así, crean tipografías a partir de la caligrafía de personas que duermen en las calles de Barcelona. Pero no son como las demás tipografías.

Para crear estas tipografías, los sintecho recibieron talleres de caligrafía y ejercicios tipográficos. Así, consiguieron digitalizar las letras y crear las tipografías. Tipografías con alma que transmiten las emociones de las personas que las han creado.

Diseñadores, empresas y particulares pueden adquirir estas tipografías para usarlas en sus carteles, marca, paquetes, etc. Además, con la compra de las mismas, se ayuda a evitar que las personas vivan en la calle.

 

Más allá de tipografías

Homelessfonts es una de las varias iniciativas impulsadas por la Fundación Arrels. Otro de sus proyectos consistía en las postales que ayudan a dos personas. Esta iniciativa consistía en que las personas regalaran por Navidad postales escritas por una persona que vive en la calle.

Así, conseguían concienciar sobre la realidad que muchas personas viven en invierno y recaudaban fondos para que personas sin techo pudieran celebrar las Navidades cenando caliente y durmiendo en una cama.

 

Luchando por ayudar a la gente en la calle

Iniciativas como Homelessfonts y las diversas actividades realizadas por la Fundación Arrels dejan claro el poder transformador de la cultura. Y es que, precisamente, ayudan a 1.800 personas sin techo que ayudan cada año.