¿Qué se siente al ser transexual? Un poema

Lee Mokobe en las TED Conferences

Lee Mokobe es un poeta sudafricano residente en Estados Unidos. El arma que usa para defender sus ideas es la poesía declamada. Esta es la historia del poderoso y viral poema sobre qué se siente al ser transexual.

“Hablando honestamente, el arte de transmitir historias a través de la oratoria ha existido a lo largo de los tiempos. Mis ancestros compartieron relatos de dolor, de triunfo y enseñanzas morales alrededor de hogueras. Yo he intercambiado ese entorno por el escenario, pero el antiguo concepto permanece igual. Recitar es una forma de expresarse y de relacionarse con el mundo. Cualquier manifestación artística está pensada para expresar las emociones del individuo, esta también. Es expresión libre.”

Un poema que ha sido escuchado por millones de personas

Su declamación en el escenario TED ha sobrepasado el millón de espectadores y a sus cortos 22 años se ha convertido en un ícono dentro de la comunidad LGBT+.

“Creo que cuando tocas las emociones de alguien, cuando apelas a la conciencia de alguien, le estás empujando a posicionarse, a dar una respuesta y habitualmente lo hace con mucha humanidad. Cuando creas arte que incite a una respuesta, obligas a las personas a ser introspectivas, a mirar dentro de sí mismo y de los demás para encontrar una solución.”

Su poesía nace de sus experiencias personales, él mismo responde con honestidad sobre temas como la discriminación y la dureza de las sociedades africanas con respecto a la comunidad LGBT+.

“Soy negro, pobre, queer (no heterosexuales) y transgénero. Todo eso ha condicionado mi trabajo. Es difícil tener una existencia como la mía y no enfrentarse a la injusticia en cualquiera de sus formas. Escribir sobre ello me sirve para que esa injusticia sistémica y social no me derrote.”

Su trabajo ha roto barreras gracias a las redes sociales, la viralización de su poema ha puesto el foco en temas sociales y políticos de vital importancia. Lee se ha propuesto seguir trabajando para brindar apoyo a personas como él.

“Estoy trabajando duro”, revela, “para mejorar como artista y mejorar mi formación. Y estoy trabajando duro porque, cuando lo consiga podré conseguir becas para jóvenes aspirantes a escritores sudafricanos”. “Por primera vez en años, me he dado cuenta de que debo trabajar para mejorar yo, con el objetivo de poder ayudar a otros en un futuro próximo”.

¿Qué se siente al ser transexual? El poema

Traducido por Sebastian Betti
Revisado por 
Denise R Quivu

La primera vez que murmuré una oración estaba en una catedral con vidrieras.

Me quedé de rodillas mucho después que la congregación se pusiera de pie.

Mis manos en agua bendita,

hago la señal de la cruz;

mi diminuto cuerpo se dobla como un signo de interrogación

sobre el banco de madera.

Le pedí a Jesús que me sane

y cuando no me respondió, el silencio se volvió mi amigo

con la esperanza de que mi pecado ardiera y aliviaría mi boca,

disolviéndose como el azúcar en la lengua,

pero la vergüenza se quedó como un regusto persistente.

Y en un intento por devolverme a la santidad,

mi madre me dijo que era un milagro que podía crecer y ser lo que quera.

Decidí… ser un chico.

Fue lindo.

Llevaba gorro y una sonrisa desdentada,

mi rodillas peladas fueron mi credo,

jugué al escondite con lo que quedaba de mi futuro.

Fui aquello.

Campeón en un juego que los otros niños no podían jugar.

Fui un misterio anatómico,

una pregunta que se quedó sin respuesta

un caminante por la cuerda floja

entre el niño torpe y la niña que pide disculpas.

Y al cumplir los 12, la fase muchacho dejo de parecer encantadora.

Encontró tías nostálgicas

que querían verme las rodillas a la sombra de las faldas

y me recordaban que mi actitud nunca iba a traerme un marido en casa,

que yo existo para el matrimonio heterosexual y la procreación.

Y me tragué sus insultos junto con sus afrentes.

Naturalmente, no salí del armario.

Los niños de mi escuela lo abrieron sin mi permiso.

Me llamaban con un nombre que yo no entendía,

me decían “lesbiana”,

pero yo era más niño que niña, más Ken que Barbie.

No tenía que ver con odiar mi cuerpo,

lo amaba lo suficiente como para liberarlo,

lo traté como a una casa.

Cuando la casa se cae a pedazos,

uno no la abandona,

la acondiciona para que albergue todo lo que es,

la embellece para invitar huéspedes,

uno refuerza sus cimientos para que resistan.

Mi madre teme que me inspiré en elegir mi nombre en cosas efímeras.

Conforme cuenta los ecos dejados por Mya Hall,

Leelah Alcorn, Blake Brockington

teme que yo muera sin palabra,

que me vuelva la conversación de “qué vergüenza” en la parada del bus.

Afirma que me he vuelto un mausoleo,

que soy un ataúd andante,

que los titulares han convertido mi identidad en un espectáculo.

Bruce Jenner está en boca de todos

mientras la brutalidad de vivir en este cuerpo

se convierte en un asterisco al pie de las páginas sobre la igualdad.

Nadie nos ve nunca como humanos

porque somos más fantasmas que cuerpos,

porque la gente teme que mi expresión de género sea un truco

que existe para ser perversa

y atraparles sin su consentimiento,

que mi cuerpo es una fiesta para sus ojos y manos

y que una vez se alimentan de mi extrañeza

regurgitarán las partes que no les plazcan.

Me pondrán de vuelta en el armario, colgado junto a los otros esqueletos.

Seré la mejor atracción.

¿Ven lo fácil que es empujar a la gente para convertirse en ataúdes,

y ponerles los nombres equivocados en las lápidas?

Y la gente todavía se pregunta por qué los chicos se corrompen,

por qué andan por los pasillos de la secundaria

con miedo de ser etiquetados en un instante,

con miedo a que los debates en clase se vuelvan un juicio final

ahora, cuando la sociedad acepta

más niños transgénero que los hacen los padres.

Me pregunto cuánto tiempo se tardará

para que las notas de suicidio trans empiecen a ser superfluas,

para que entendamos que nuestros cuerpos se vuelven lecciones sobre el pecado

mucho antes de que nosotros aprendamos a amarlos.

Como Dios no se apiadó de esta vida y no fue misericordioso,

como mi sangre no es el vino que lavó los pies de Jesús,

me estoy atragantando con mis oraciones.

A lo mejor ya estoy curado

o tal vez no me importe,

quizás Dios al fin escuchó mis plegarias.

Gracias.

(Aplausos)

#FairSaturday

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