Tras una larga y exitosa trayectoria como economista, la vida de Sebastião Salgado dio un giro de 180º cuando con 40 años la fotografía llegó a su vida de manera casual. Entonces, decidió dejarlo todo para perseguir un sueño. Sus fotografías lograron captar realidades lejanas, historias cargadas de mensaje, que de manera inconsciente invitaban a la reflexión de quien las observara.

Cuando me instalé en Inglaterra y desde ahí empecé a viajar a África por mi trabajo, la fotografía me proporcionaba más placer que los informes que debía hacer. Así que un día me metí con Lélia en un barquito de un estanque en Hyde Park y lo discutimos durante horas. Tenía una invitación para ser profesor en la Universidad de São Paulo, otra para trabajar en Washington en el Banco Mundial; para un joven economista era un futuro fabuloso.

Sebastião Salgado comenzó su carrera en Brasil donde colaboró con el Ministerio de Finanzas, hasta que debido al régimen militar, se mudó a París con su familia. En Francia, Salgado finalizó su doctorado y su mujer se licenció en arquitectura. La primera vez que Sebastiao miró a través de una lente, fue gracias a la cámara que su mujer adquirió para fotografiar edificios. Una vez finalizada esta etapa, la familia se trasladó a Londres, donde debido a su nuevo trabajo, Sebastião tuvo la oportunidad de realizar varios viajes a África. Así comenzó a enamorarse de la fotografía, algo que cambiaría su vida por completo.

Sebastiao encontró en la fotografía un nuevo sentido a su vida, y es así como el y su mujer dejaron atrás una vida cómoda y estable, para emprender juntos una nueva aventura

El trabajo de Salgado se centró en mostrar la realidad que iba observando en sus viajes, las historias de personas y comunidades de todo el mundo. Su objetivo retrató, de una manera no sensacionalista, dramas de gran dureza y complejidad como el genocidio de Rwanda, la hambruna en Etiopía, las duras condiciones de vida de los trabajadores de las minas de oro a cielo abierto o los éxodos causados por el hambre y la guerra. 

Más que nunca considero que la raza humana es una. Hay diferencias de color, idioma, cultura y oportunidades, pero los sentimientos de las personas y las reacciones se parecen. Las personas huyen de guerras para librarse de la muerte, emigran para mejorar sus fortunas, construyen vidas nuevas en tierras extranjeras, se adaptan a las dificultades excepcionalmente gravosas.

Sebastiao nunca quiso cambiar el mundo, sino contar historias. Sin embargo, sus imágenes invitan a la reflexión acerca del camino que estábamos y estamos siguiendo como sociedad. Muchas veces pese a que no seamos conscientes de ello, el simple hecho de cuestionar las cosas ya supone un cambio.

Y todo gran cambio, empieza siempre con una pregunta.

#FairSaturday

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